Viéndole tal como Él es…

La mayoría de las veces en las cuales nos detenemos a pensar en Jesús, desde su nacimiento, difícil y complicado, y del cual compartí con ustedes un capítulo el libro titulado : “Tú, Sígueme”, pasando por su vida y obra misionera, y llegando a su poderoso encuentro con la cruz del calvario en donde el poder de su sangre vino a rasgar el velo del templo, abriendo la oportunidad de redención y vida eterna para toda la humanidad, tratamos de ver su faceta más primaria y directa, es decir, su amor desinteresado, su misericordia extrema hacia los pobres, débiles y desamparados y nos regocijamos y alegramos con las buenas nuevas de salvación para nuestra alma.-

Sin embargo, por alguna razón tratamos de pasar por alto ciertos comentarios de Jesús que, en muchas oportunidades trajeron molestias, divisiones y por qué no decirlo, rencor hacia su persona. Aún hoy, sus palabras nos desnudan y nos confunden. No me equivoco al decir que, de no ser por su espíritu Santo, es muy probable que también nosotros hubiésemos querido tomar piedras en nuestras manos o tratar de despeñarle por las quebradas. Si esto le parece duro de entender, leamos el siguiente pasaje Bíblico, palabras del mismísimo Señor Jesús:

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