Profetas, evangelistas y mártires de Dios

Cuando Jesucristo les recrimina a los religiosos de su tiempo, el haber matado a todos los profetas de Dios, dejó al desnudo una verdad, que por todos lados y a todas luces, tanto los escribas como los fariseos, trataban de esconder. Tal vez ellos no mataron directamente a Juan el Bautista, sin embargo, el no apoyar al vocero del Señor, el resistir sus palabras de arrepentimiento y perdón, el no creer que era quien preparaba el camino del Señor, y el no dar ninguna señal de conmoción o empatía, con él, cuando fue encarcelado y asesinado, fue también un acto de asesinato indirecto, además de cobarde. Fue como verlo ahogándose en el río, a un metro de distancia, teniendo los salvavidas en sus manos.
Sí, ellos también mataron al profeta de Dios. Así como sus padres, y los padres de sus padres antes de ellos, dijo el Señor.
Los profetas, evangelistas y mártires de Dios, cada uno de ellos, tienen una cosa en común: Escuchan y obedecen SOLAMENTE A DIOS. No es mi deseo, en este libro, hacer una apología, con respecto a cada uno de ellos, sin embargo, es de vital importancia para todo súbdito de Dios, conocer los términos y definiciones, además de conocer cómo se interrelacionan los unos con los otros.

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La Gracia de Dios

Lo primero que debe comprender la persona que desea conocer la gracia de Dios, es que no nos merecemos nuestra vida, dicho en otras palabras, tanto usted como yo éramos dignos de muerte. Sabemos que el pecado entró por un hombre (Adán), y por medio de aquél hombre, el pecado nos fue traspasado. También he descrito, en más de una oportunidad, que Dios el Padre diseñó un plan de salvación para la humanidad en la cual su hijo, nuestro Señor Jesucristo, viene a ser la pieza central de este plan, y, como segundo Adán cumplió completamente el propósito del Padre reuniendo todas las cosas en torno a su persona. Así lo expresa el apóstol Pablo, en su carta a los Efesios:

“dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad,”

Efesios 1: 9-11 (Versión Reina Valera 1960)

Así se construyó el puente indisoluble entre Dios y el hombre.

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