El Señor de los Ejércitos Celestiales

“Como cristiano que soy, veo con alarmante preocupación los tiempos en los cuales me ha tocado vivir y la forma en la cual miles de cristianos y cristianas alrededor del mundo, están percibiendo, o peor aún, han dejado de percibir la autoridad de Dios, el compromiso con Jesucristo, y el mover de su Espíritu Santo en nuestras vidas. Me preocupa en sobremanera la liviandad y la ligereza con la cual nos estamos tomando el evangelio sagrado a la hora de justificar cada una de las vidas que hemos decidido llevar en el Señor.

Descaradamente tratamos de justificar la apatía espiritual, la pérdida de la misericordia, y la tarea que tenemos como embajadores del Reino, sin contar el querer siempre acomodar su bendita palabra a nuestros deseos y ambiciones mediocres, con el propósito de justificar nuestras acciones. Todo esto, junto con otras cualidades y características propias que todo cristiano debería básicamente tener para una buena comunión con Dios, y en consecuencia con la tarea que debemos llevar a cabo.

Pero no. Al contrario, matizamos la voz de Dios, y entregamos a otros una visión diferente a la cual se nos ha encomendado, escondiéndonos tras el velo y la mentira de que los tiempos han cambiado y que debemos evolucionar para estar mas acorde a las necesidades de la Iglesia y los cristianos del Siglo XXI. Sin embargo, la pregunta que me sigue rondando la mente y el corazón es que si verdaderamente los cristianos hemos evolucionado o por el contrario, hemos involucionado, convirtiéndonos en marionetas espirituales dominados bajo un sistema corrupto y diabólico bien organizado, que por una parte, dice dar ciertas libertades a las iglesias evangélicas o protestantes para operar libremente, y por otro lado quiere meter sus manos, sus narices y el cuerpo entero, en la forma en la cual deben gobernarse los ministerios o incluso el comportamiento que deben tener los hijos de Dios a la hora de cumplir la tarea encomendada por Dios nuestro Señor, prostituyendo el ministerio de Jesucristo.


Amigo mío, querida amiga, déjeme decirle que tanto usted como yo, no necesitamos ni necesitaremos jamás la intervención, ni mucho menos el permiso de los hombres, para entregar y decir toda la verdad que Dios nos ha mandatado perentoriamente entregar a toda la humanidad. La misma verdad que usted y yo recibimos hace un tiempo atrás por boca de otros hombres y mujeres enviados por la gracia de Dios a nuestras vidas, para continuar el ciclo de gracia, entregando, por misericordia, lo que por misericordia hemos recibido: “Que de tal manera amó Dios al mundo, que envió a su único hijo a morir por nuestros pecados, y a darnos la vida eterna”.


Si ésta bendita palabra, pudo atravesar siglos de persecución, oscurantismo, rebeliones y falsas doctrinas, entregando amor y paz, Luz en las tinieblas, sabiduría y ciencia, y la verdad de Dios; fue, porque Dios mismo así lo dispuso, y sin embargo se necesitó para ello el sacrificio, la obediencia, el esfuerzo, la tenacidad, y por sobre todas las cosas la Fe, que en ella pusieron miles de hombres y mujeres, que poniendo su esperanza en el Reino bienaventurado que estaba por venir, creyeron a la promesa de aquél que es fiel, simplemente porque Él lo prometió.


Es así como la Visión del Reino se manifestó frente a ellos. Los gobiernos del mundo funcionan, crecen y se desarrollan, cuando los ciudadanos cumplen con su labor específica, fomentando con su trabajo y esfuerzo, con su obediencia y sacrificio, el bien común para todo el país que aman y respetan, y, por consiguiente viene el desarrollo económico, social, político y militar. Contribuyendo con esto, a su expansión.


Como dije al inicio de este libro, no esperemos encontrar en el cielo un modelo de gobierno diferente a un gobierno Monárquico. Es así como Dios gobierna su Reino y usted y yo nos deberemos someter a este sistema, pues para eso hemos y estamos siendo día a día preparados y equipados. La gran diferencia la encontramos en el Rey de este Reino, pues si bien es cierto los gobiernos de este mundo, todos, fueron son y seguirán siendo corruptos, El supremo Reinado del Mesías no lo será, pues sabemos y conocemos al Rey que nos va a regir, es mas, le conocemos amplia y plenamente. Estuvimos en su nacimiento, y anteriormente oímos hablar de su venida, anunciada desde el principio de los tiempos. Caminamos con él por las polvorientas calles de Palestina. Vimos su actitud ante el Padre desde que era aún un niño, escuchamos a Dios Padre complaciéndose de él cuando fue a ser bautizado por Juan el Bautista, cumpliendo con la ley, vimos que jamás le sobró ni le faltó palabra alguna, y sin embargo, si se escribieran todas las cosas que hizo, no cabrían todos los libros en este mundo.. Lo vimos aplicando justicia, juicio y equidad, a niveles que nos era imposible de entender antes de conocerle, y vimos como ofrecía la otra mejilla. Nos enseñó con suma humildad que los últimos serán los primeros, lo vimos dando vista a los ciegos, sanidad a los enfermos, restaurando los miembros de los mancos y mutilados, echando demonios, resucitando muertos, lavando los pies de otros, bendiciendo a quienes le maldecían.

También sentimos su Ira Santa cuando la casa de su Padre era profanada.


Lo vimos reír, sufrir y llorar. Lo vimos entregando su cuerpo, sufriendo como pecador y maldito, aunque era puro y Santo, sin mancha. Vimos su cuerpo traspasado por lanzas y le vimos morir. ¡Cielos!, ¡¡¡si hasta lo vimos ser enterrado en una Tumba prestada!!!


Pero también le vimos resucitar. Y vimos como el velo del templo se rasgó de arriba a abajo abriendo la puerta de salvación y extendiendo sobre nosotros el puente de comunión con el Padre. Vimos sus manos y sus pies horadados, lo vimos descender al Seol a rescatar a quienes esperaban en su promesa, y le vimos subir al cielo en una nube. ¡¡ Y escuchamos su último mandato a los hombres y mujeres, antes de subir al Padre para ocupar su Trono !!:


“Por tanto id y predicad el evangelio a toda criatura, y he aquí que yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo”

Y cumplió su promesa. Pues vimos también como descendió sobre nosotros el Espíritu Santo que nos da poder para continuar su obra.. Amado hermano, ¡¡¡Este es el Rey que habéis escogido para ti !!! ¡¡¡ Este es TU REY !!!


Este es el Rey del cual tu y yo somos súbditos eternos y a quien hemos decidido servir y obedecer. ¿Quieres servirlo Si o No?, Pues sírvelo bien.


Su Reino se nos revela como una visión real, poderosa y eterna. En donde nuestra vida, tiempo, moral, carácter y conversión, serán los elementos que nos mostrarán la manera de presentarnos y habitar en su presencia.
Mientras tanto es una visión, una esperanza que no se desvanece en el corazón del hombre y la mujer fiel, y que no debemos dejar por ningún motivo que se enfríe, ni que la intervención de cualquier otra cosa del mundo o del diablo nos coloque un velo de oscuridad en nuestra vista para no ver lo que tenemos por delante. El apóstol Pablo nos decía que esta esperanza no avergüenza y tiene toda razón. Pues esperar el Reino de los Cielos no es cuestión de tiempo, es simplemente levantar nuestra cabeza a los cielos cada día de nuestras vidas, y mas allá del primer cielo, y de las nubes, veremos con el alma henchida de alegría, la Visión del Reino.


Que Dios te bendiga.


«El Señor de los Ejércitos Celestiales dice: mi amor por el monte Sión es intenso y ferviente, ¡me consume la pasión por Jerusalén!
»Ahora dice el Señor: regresaré al monte Sión y viviré en Jerusalén. Entonces Jerusalén se llamará la Ciudad Fiel; el monte del Señor de los Ejércitos Celestiales se llamará Monte Santo.
»El Señor de los Ejércitos Celestiales dice: nuevamente los ancianos y las ancianas caminarán por las calles de Jerusalén apoyados en sus bastones y se sentarán juntos en las plazas de la ciudad, y las calles de la ciudad se llenarán de niños y niñas que juegan.
»El Señor de los Ejércitos Celestiales dice: ahora todo esto puede parecerles imposible, a ustedes que son el pequeño remanente del pueblo de Dios. ¿Pero será imposible para mí?, dice el Señor de los Ejércitos Celestiales.
»El Señor de los Ejércitos Celestiales dice: pueden estar seguros de que rescataré a mi pueblo del oriente y del occidente. Yo los haré regresar a casa para que vivan seguros en Jerusalén. Ellos serán mi pueblo, y como su Dios los trataré con fidelidad y justicia.

Zacarías 8:2-8

(Este es un extracto del libro “Visión de Reino”, de Cristian E. Gallardo SM. Encuentra mas material cristiano en www.micreasol.com)

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