La Gracia de Dios

Lo primero que debe comprender la persona que desea conocer la gracia de Dios, es que no nos merecemos nuestra vida, dicho en otras palabras, tanto usted como yo éramos dignos de muerte. Sabemos que el pecado entró por un hombre (Adán), y por medio de aquél hombre, el pecado nos fue traspasado. También he descrito, en más de una oportunidad, que Dios el Padre diseñó un plan de salvación para la humanidad en la cual su hijo, nuestro Señor Jesucristo, viene a ser la pieza central de este plan, y, como segundo Adán cumplió completamente el propósito del Padre reuniendo todas las cosas en torno a su persona. Así lo expresa el apóstol Pablo, en su carta a los Efesios:

“dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad,”

Efesios 1: 9-11 (Versión Reina Valera 1960)

Así se construyó el puente indisoluble entre Dios y el hombre.

Todo lo anteriormente señalado tuvo un costo, tuvo un precio, Jesucristo, el hijo del Creador, Dios Padre omnipotente, era puro, santo, sin pecado, apartado del mal, Dios, Príncipe de Paz. Y en esa autoridad, y con ésa autoridad, descendió a la tierra, haciéndose hombre, cumpliendo completamente el propósito del Padre, el cual era venir a este mundo como un cordero y derramar su bendita sangre como propiciación de nuestras faltas y pecados, reuniendo así todas las cosas, tanto las que están en los cielos como las que están en la tierra, como leímos en el texto anteriormente dado por Pablo a los efesios. ¿Cuál sería su reacción querido lector, si usted tuviera que entregar lo que más ama, su hijo, sangre de su sangre, por la vida de un enemigo, sin conciencia, sin amor, lleno de odio y quien además usted sabe que despreciará el favor que usted le hace, de entregar lo que usted más ama, con todo el dolor de su corazón? ¿Entregaría a su hijo para salvarle la vida a otra persona, sobre todo, a una que no se lo merece?

Piense un momento en la situación que le acabo de señalar. Luego intente multiplicarla por el infinito y tal vez tenga una idea de lo que pudo haber experimentado Dios Padre, al entregar a su hijo amado, por usted y por mí. 

¿Y piensas querido amigo, que no hubo un costo que asumir, que no hubo un precio que pagar? Sin  embargo, vemos cada día la sangre de aquél que no tenía culpa, derramada sobre el mundo entero: lavando pecados, restaurando vidas, sanando a los oprimidos por el diablo, ¿y piensas que no hubo precio?. Si, querido amigo, verdaderamente si hubo un precio que pagar. Pero lo más increíble de este asunto, es que este precio no se me cobró a mi ni a ti. Esto, querido amigo, no se trata de dinero, pues ni el hombre más rico o poderoso de este siglo, o de todos los siglos que nos han sobrevenido, tiene el poder de saldar esta deuda. Esto es lo que se denomina la Gracia de Dios. Esto es un regalo, un don inmerecido.

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”

Efesios 2: 8-9(Versión Reina Valera 1960)

No la merecíamos. Tampoco es un premio. Es un regalo que no tendríamos que haber recibido, pero que sin embargo, viene perfectamente bien envuelto, con una maravillosa y elegante cinta atada a él, y con una enorme tarjeta que dice tu nombre. Es un regalo. Y se llama Gracia, La Gracia de Dios en Cristo Jesús.

Dios está constantemente aplicando Gracia sobre nuestras vidas, entregándonos todo aquello que necesitamos aún sin darnos cuenta que lo necesitamos, e incluso sin pedírselo. Cuando yo hablaba del camino a la humildad, dejando atrás el orgullo, la vanidad y la rebeldía, me refería justamente a este preciso momento, osea, a recibir la Gracia con humildad de corazón, con fe y con profundo agradecimiento, y comenzar a cultivarla en todo nuestro ser, pues en esto también hay un propósito de parte de Dios para su vida, y es que usted se convierta en un creyente tan lleno de Gracia, que pueda compartir de esta misma Gracia con los que no tienen o no la conocen aún. La instrucción que los discípulos de Jesucristo recibieron, y que a continuación leeremos, son milagros increíbles, entregados con poder a simples mortales, pero que fueron entregados a todos ellos a través de la Gracia del Señor:

“Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. 

Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.

No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos;” 

Mateo 10: 7-9(Versión Reina Valera 1960)

Muchos hombres y mujeres hoy en día cabalgan montados en las alas de la religiosidad, vendiendo supuestamente la Gracia de Dios, a estas personas evita. Esto no es nada nuevo, ejemplos hay muchos, sin ir más lejos, tenemos a la religión católico-romana, la cual durante muchos años se hizo rica materialmente vendiendo el perdón de pecados al mejor postor, enseñando doctrinas de demonios, obligando a las pobres almas a entregar todos sus bienes por un indulto de perdón y vida eterna falso. ¡¡¡Ay de las pobres almas que no tenían dinero para morirse y heredar el reino de Dios, según la iglesia católico-romana!!! ¡¡¡Ay de ella cuando le llegue el día del juicio porque tendrá que beber de la maldad de sus pecados al cambiar la gracia de Dios por una bolsa con monedas de plata, igual que lo hizo judas al vender al maestro!!! Pobres ciegos guías de otros ciegos, pues no entraban ellos ni dejaban pasar a otros.. ¿Cómo cree usted que la “Santa” Iglesia católica-romana llegó a ser tan rica y poderosa? ¿vendiendo escapularios?…

No, querido lector, no existe nada peor que lucrar con la sangre de Cristo, nada peor que vender la Gracia de Dios, pues esto también proviene de la Boca de Jehová:

“Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.” 

Zacarías 12:10(Versión Reina Valera 1960)

(Parte del libro titulado “Porque la boca de Jehová lo ha dicho”, de Cristian E. Gallardo SM, encuentra más literatura cristiana en www.micreasol.com)

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