Viéndole tal como Él es…

La mayoría de las veces en las cuales nos detenemos a pensar en Jesús, desde su nacimiento, difícil y complicado, y del cual compartí con ustedes un capítulo el libro titulado : “Tú, Sígueme”, pasando por su vida y obra misionera, y llegando a su poderoso encuentro con la cruz del calvario en donde el poder de su sangre vino a rasgar el velo del templo, abriendo la oportunidad de redención y vida eterna para toda la humanidad, tratamos de ver su faceta más primaria y directa, es decir, su amor desinteresado, su misericordia extrema hacia los pobres, débiles y desamparados y nos regocijamos y alegramos con las buenas nuevas de salvación para nuestra alma.-

Sin embargo, por alguna razón tratamos de pasar por alto ciertos comentarios de Jesús que, en muchas oportunidades trajeron molestias, divisiones y por qué no decirlo, rencor hacia su persona. Aún hoy, sus palabras nos desnudan y nos confunden. No me equivoco al decir que, de no ser por su espíritu Santo, es muy probable que también nosotros hubiésemos querido tomar piedras en nuestras manos o tratar de despeñarle por las quebradas. Si esto le parece duro de entender, leamos el siguiente pasaje Bíblico, palabras del mismísimo Señor Jesús:

No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada.
Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa.
El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.
El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.”

Mateo 10:34-39, Reina-Valera 1960 (RVR1960)

En esta versión que acabamos de leer, el encabezado bíblico lleva por título Jesús causa de división, dejando entrever que, el Jesús de amor, de milagros y de perdón, es, al mismo tiempo aquella voz que muchas veces no queremos escuchar, pero que sin embargo es parte del aprendizaje obligatorio que debemos asimilar para una vida cristiana exitosa y libre de pecado. En el siguiente capítulo, trataremos de enfocarnos en diferentes comentarios del Evangelio de Lucas, en los cuales Jesús, de una forma descarnada y fuerte, nos deja en claro que el cordero de Dios que quita el pecado del mundo es al mismo tiempo, el león Rugiente y Señor por sobre todas las cosas. Y que nuestra obediencia y compromiso debe ser absoluto, sin dar segundas vueltas a sus enseñanzas, pues esto también será parte del aprendizaje para una futura vida en el Reino del Señor.

Para Levantamiento y caída

 

Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor.

Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo:

Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz,
Conforme a tu palabra; Porque han visto mis ojos tu salvación, La cual has preparado en presencia de todos los pueblos; Luz para revelación a los gentiles,
Y gloria de tu pueblo Israel.

Y José y su madre estaban maravillados de todo lo que se decía de él.
Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha”

Lucas 2:25-34, Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Una señal que será contradicha. Nunca antes estas palabras han adquirido un mayor sentido. El hecho de que esta profecía fuese entregada justo en aquél momento en particular nos recuerda lo que la misma biblia nos enseña, cuando nos dice: “Aunque la respuesta tarde, espérala, pues aunque tarde, ciertamente él responderá”:

Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará.
He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.”

Habacuc 2:3-4 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Esperar al salvador de Israel, era prácticamente la misión de todo Israelita, desde siempre, mas aún, en los convulsionados tiempos en los cuales se estaba desarrollando esta historia, que cambiaría a toda la humanidad. Simeón había recibido por revelación del Espíritu Santo, que no vería la muerte, sin antes ver la salvación de Dios para Israel. Sin embargo, para que esto sucediese en la vida de este hombre, debían existir ciertas cualidades que harían esencial su vista espiritual: Simeón era justo y piadoso. La Justicia y la piedad son elementos claves para que Dios se mueva en medio nuestro. Al examinar la palabra de Dios, veremos diferentes pasajes en los cuales los hombres y mujeres que tuvieron alguna relación espiritual o alguna revelación divina, fueron personas con características de justicia y piedad.

En muchas oportunidades hemos deseado, así como los Israelitas de antaño, recibir de parte del Espíritu Santo, alguna revelación o respuesta de parte del cielo para nuestras vidas y vemos que nada sucede o que en vez de una respuesta satisfactoria recibimos silencio de parte de Dios, y nos preguntamos ¿Porqué sucede ésto?. Nos congregamos cada domingo, entregamos nuestros diezmos, predicamos el evangelio y tratamos de obedecer a las enseñanzas de la Biblia. La pregunta es ¿Practicamos nosotros la Justicia y la piedad?. No se responda aún.

Al consultar la definición de justicia, nos encontramos con que se nos dice: “Principio moral que inclina a obrar y juzgar respetando la verdad y dando a cada uno lo que le corresponde.”. Al consultar por la palabra piedad, esta se nos define como: “Sentimiento de compasión o misericordia que produce alguien que sufre o padece.”

Vuelva a leer detenidamente el párrafo anterior, aplicando el entendimiento, el conocimiento que usted posee de Dios y las enseñanzas de Jesucristo. Ahora que conocemos las definiciones de ambos conceptos, vuelvo a preguntar: ¿Practicamos nosotros la Justicia y la piedad?, ¿o solamente nos conformamos con hacernos creer a nosotros mismos que somos justos y piadosos?

Vivimos en una época fría e insípida. Nos hemos acostumbrado a hacer lo que nos ordenan otros y no lo que la biblia dice, bajo la consigna de que debemos obedecer a la autoridad que está puesta sobre nosotros, y, aunque en cierto modo la biblia nos enseña a someternos a toda autoridad, ¿Qué sucede cuando las autoridades que tenemos no obran, ni se desenvuelven completamente de acuerdo a las enseñanzas bíblicas?.

El mismo Señor Jesucristo nos advierte que si nuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no gustaremos los beneficios del reino celestial. Estos, – escribas y fariseos por igual -, conocían perfectamente las escrituras, y llevaban sus leyes y normas al pie de la letra. La gran mayoría había comenzado su instrucción a muy temprana edad, por lo cual la gente los reconocía como maestros de la ley. Sin embargo, se habían sumergido tanto en la ley, que se habían olvidado de ejercer la justicia y la misericordia. Despreciaban a todo aquel que ellos pensaran que no estaba a su altura y se habían olvidado de que la justicia debe ser administrada de una manera ecuánime.

Al desear ser partícipes del reino de Dios y discípulos de Jesús, es de vital importancia aprender a practicar la justicia y la piedad, no solamente cuando creemos que Dios nos ve, sino en cada orden de cosas. En nuestra vida diaria, en nuestro núcleo familiar, en el trabajo, en la calle, etc. Recuerde que día a día lo que hacemos es prepararnos para vivir en un reino. Esto es importante que lo recuerde, pues mas adelante seguiré hablando de este tema.

Nos estamos acostumbrando demasiado a ver soledad, tristeza y amargura a nuestro alrededor sin hacer nada, cuando podemos hacer mucho. Los discípulos de Jesús , una vez que este partió a los cielos, comenzaron inmediatamente a ejercer el plan que les fue encomendado. Dice la biblia que al pasar por delante de la gente y ver el sufrimiento que éstos padecían, decían abiertamente “no tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesús…”. No tenían efectivamente ni plata ni oro, pero tenían algo más importante e infinitamente mas valioso: Poder de Dios para salvación.

Ahora bien, según el apóstol Pablo en su epístola a los romanos, la justicia que debemos practicar se basa exclusivamente en nuestra fe en el Señor Jesucristo. Es debido a esta fe, que la ley deja de ser en nosotros y la gracia de Dios viene a ser nuestro modelo de vida y de conducta de ahora en adelante. Por esa razón es que debe ser mayor que la de los escribas y fariseos, de lo contrario no estaremos ni siquiera a la altura de aquellos. Con respecto a la piedad sucede algo parecido. Debemos practicarla cada día y hacerla parte de nuestra vida y conducta de nuestro diario vivir.

De lo contrario nos convertiremos en aquel hombre que pedía piedad a su Señor por las deudas que tenía con él, y el Señor le perdonaba. Pero al volver a su hogar, un esclavo suyo le rogó que le perdonase una pequeña deuda y este no quiso. Todo lo contrario, lo oprimía aún más para que le pagase. Usted ya sabe lo que hizo el Primer Señor con el hombre cuando se enteró que aquél no pudo ser capaz de practicar la misma piedad que había recibido. Y si no lo sabe o lo ha olvidado, por favor lea conmigo:

Parábola del deudor que no perdona

Luego Pedro se le acercó y preguntó:

Señor, ¿cuántas veces debo perdonar a alguien que peca contra mí? ¿Siete veces?

No siete veces —respondió Jesús—, sino setenta veces siete.

»Por lo tanto, el reino del cielo se puede comparar a un rey que decidió poner al día las cuentas con los siervos que le habían pedido prestado dinero.

En el proceso, le trajeron a uno de sus deudores que le debía millones de monedas de plata.

No podía pagar, así que su amo ordenó que lo vendieran —junto con su esposa, sus hijos y todo lo que poseía— para pagar la deuda.

»El hombre cayó de rodillas ante su amo y le suplicó: “Por favor, tenme paciencia y te lo pagaré todo”.

Entonces el amo sintió mucha lástima por él, y lo liberó y le perdonó la deuda.

»Pero cuando el hombre salió de la presencia del rey, fue a buscar a un compañero, también siervo, que le debía unos pocos miles de monedas de plata. Lo tomó del cuello y le exigió que le pagara de inmediato.

»El compañero cayó de rodillas ante él y le rogó que le diera un poco más de tiempo. “Ten paciencia conmigo, y yo te pagaré”, le suplicó.

Pero el acreedor no estaba dispuesto a esperar. Hizo arrestar al hombre y lo puso en prisión hasta que pagara toda la deuda.

»Cuando algunos de los otros siervos vieron eso, se disgustaron mucho. Fueron ante el rey y le contaron todo lo que había sucedido.

Entonces el rey llamó al hombre al que había perdonado y le dijo: “¡Siervo malvado! Te perdoné esa tremenda deuda porque me lo rogaste.

¿No deberías haber tenido compasión de tu compañero así como yo tuve compasión de ti?”. Entonces el rey, enojado, envió al hombre a la prisión para que lo torturaran hasta que pagara toda la deuda.

»Eso es lo que les hará mi Padre celestial a ustedes si se niegan a perdonar de corazón a sus hermanos.

Mateo 18:21-35 Nueva Traducción Viviente (NTV)

Aprendamos a practicar cada día la Justicia y la piedad. Son parte esencial del Reino de los cielos. La deuda que nos a sido perdonada por medio de Jesucristo no la podemos saldar, es imposible. Pero si podemos nosotros entregar la misma justicia y piedad que un día recibimos del Salvador del Mundo. El te ha elegido a ti, para continuar con éste legado.-

Parte del Libro Titulado “Visión de Reino”,

de C. Gallardo SM

Puedes descargar éste Libro gratuitamente desde Aquí:

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