La Justicia que viene de lo Alto

“Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo soy Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir. ¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! ¡Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar!”

Isaías 48:17-18

La definición de la palabra justicia en el diccionario de la real academia española (o RAE), dice:

“Principio moral que inclina a obrar y juzgar respetando la verdad y dando a cada uno lo que le corresponde.”

“por encima de todo deben primar la justicia y la igualdad”

Es fácil hablar de justicia cuando ésta nos beneficia. Lo verdaderamente difícil es hablar de ésta justicia cuando el veredicto no nos satisface plenamente o la resolución no nos es favorable. Muchas veces queremos aplicar y recibir justicia basándonos solamente en nuestro beneficio propio sin siquiera pensar en el resultado final. Simplemente queremos recibirla aquí y ahora.

Estos últimos días en Chile han sido sin lugar a dudas una vorágine de hambre y sed de justicia. Estas palabras se repiten una y otra vez en cada esquina de nuestras ciudades, pueblos, plazas y hogares por millares de hombres y mujeres que, cansados de las injusticias y desigualdades propias de una sociedad en la cual sienten que sus voces nunca han sido oídas por nuestras autoridades (las de turno y las anteriores), han salido a las calles a manifestar su justo descontento.

Es en éste frágil momento que nos ha tocado vivir, en dónde podemos darnos cuenta que cuando la justicia viene de parte de los hombres y mujeres, no podemos realmente esperar grandes cosas. Tal vez éste movimiento social que hoy sucede en Chile, pueda obtener ciertos logros, los cuales serán más que bien recibidos por todos los beneficiarios de nuestro país. Sin embargo, la historia nos ha demostrado que esta justicia es temporal y no está sujeta jamás a un absolutismo. La justicia y la igualdad humanas y/o terrenales siempre estarán subyugadas, ya sea a un gobierno o gobernante, con cualidades humanas, en las cuales jamás podremos confiar verdaderamente; o simplemente sujetos por tradición y costumbre, a un sistema desigual, basados netamente en principios y valores sin profundidad, en donde la vida pierde su valor esencial, y el más fuerte siempre tendrá bajo sus pies al más débil.

Si queremos realmente justicia, debemos dejar de buscarla horizontalmente y buscarla verticalmente, es decir, buscar la que viene de lo alto, la que viene de Dios. No existe justicia más alta. No sin más, uno de los nombres y atributos de Dios es: “Justo y Verdadero”:

“El es la Roca, cuya obra es perfecta,

Porque todos sus caminos son rectitud;

Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él;

Es justo y recto.”

Deuteronomio 32:4

Basado en su profundo amor hacia la humanidad, Dios nos provee de su justicia, con el propósito de que el hombre y la mujer vivan quieta y reposadamente. Para ello, nos provee de diferentes herramientas con las cuales podemos obtener respuesta a nuestras necesidades. Una de estas herramientas es la palabra de Dios representada en la Biblia. Otra herramienta es la oración con la cual podemos conversar directamente con Dios y contarle nuestras penas y aflicciones que nos acongojan como seres humanos que somos. Y aún más, pedirle justicia para nosotros en los casos que consideremos sea necesaria su intervención y mediación. Un hermoso ejemplo de lo que acabo de decirle es la siguiente historia,contada por el mismo Señor Jesús:

” También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar,

diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre.

Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario.

Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre,

sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia.

Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto.

¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?

Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”

Lucas 18:1-8 (Reina-Valera 1960)

El espíritu Santo de Dios es sin lugar a dudas otra poderosa herramienta tanto para aplicar, así como también para recibir justicia, ya que nos redarguye, osea, nos saca del error, y nos aclara la mente, con lo cual podremos tomar mejores decisiones y más acertadas o convenientes:

” Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.

 De pecado, por cuanto no creen en mí;

 de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más;

 y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.’

Juan 16;8-11

Como podemos darnos cuenta, y por todo lo anteriormente expuesto, es que los cristianos y todo aquél que dice amar y servir a Dios, debe estar tranquilo en sus brazos sabiendo que la paz de Dios es como un río y su justicia como las ondas del mar. Que no se detiene ante nada ni nadie, que es infinitamente más beneficiosa para los hombres, más que cualquier recompensa terrenal, y que aunque tarde un poco en llegar, quien la prometió no miente, y cuando llegue enjugará toda lágrima de nuestros ojos y todo llanto cesará. Que Dios le bendiga

Cristian E. Gallardo San Martín

Ministerio Micreasol

Chile

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s