Vasos útiles para el Servicio

Autor:

Cristian E.Gallardo San Martín

Ministerio Micreasol-Chile

 

En el relato del libro de Lucas, Capítulo 10, se nos muestra que Jesús recorrerá otras ciudades y aldeas, llevando su mensaje de buenas nuevas de salvación. Para ello, seleccionó a otros seguidores, no a sus discípulos directos, y los envió a aquellos lugares a preparar a la gente para su llegada. Sin embargo, se preocupó de señalarles de qué manera deberían conducirse en aquella misión. Para ese propósito, le entregó directrices de funcionamiento con las cuales podrían desarrollar su trabajo misionero de una manera efectiva.

En este capítulo nos enfocaremos en la misión de los 70, para comprender de una manera más acabada como es que Jesús nos enseña a trabajar cuando tenemos una misión por delante:

“Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir.
Y les decía: La mies a la verdad es mucha, más los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.”

(Lucas 10:1-2, BRV 1960)

Las “mies” son un tipo de cereal maduro, el cual ya está listo para cosecharse. Por otro lado, las “mieses” son los campos en donde se recolectan estos cereales. La necesidad de cosechar esta mies de los campos es imperiosa, debido a que, si no se recolectan en su debido tiempo, se corre el riesgo que se pierdan o se pudran y se dañen.

La necesidad de llevar el evangelio a toda criatura debe de ser urgente y prioritario para cualquier cristiano. De no ser así estamos en un serio problema, ya que este mandato es imperativo de parte de Dios para todo aquel que recibe su salvación y su gracia, ya que justamente por gracia debemos dar, lo que por gracia hemos recibido (Efesios 2:8-9). La mayoría de nosotros recibimos y aceptamos al Señor Jesucristo como nuestro salvador personal en un momento complicado o confuso en nuestras vidas. En otras palabras, en momentos de extrema necesidad, cuando vemos que todas las puertas se han cerrado alrededor nuestro. Curioso, ya que Jesucristo debería siempre ser nuestra primera opción de refugio y no la última. De cualquier manera, es muy difícil encontrar a quienes Dios se les ha revelado en “felicidad plena” o en “gozo inefable”, ya que sin Cristo aquello no existe.

La gracia de nuestro Señor se derramó en nosotros de una manera abundante, y aunque no la merecíamos (“Gracia” significa, un don inmerecido), sentimos su amor, su perdón y su fortaleza en nosotros. De esa misma forma estamos señalados de parte de Dios, a compartir estas bendiciones y con ello el conocimiento pleno de su voluntad que viene de la mano con su palabra reveladora para nuestras vidas.

Existe aún mucha necesidad de salvación en el mundo. Basta solamente con encender su radio, su televisor o simplemente observar por la ventana de su hogar hacia afuera. Al hablar con amigos, parientes o incluso desconocidos, se dará cuenta de que el mundo entero está caminando en oscuridad, que no tiene fuerzas para vivir, por eso tanta gente se suicida día tras día. Que no tiene amor fraternal, por eso la violencia se ha tomado nuestros países, nuestras ciudades, calles, colegios, y nuestros hogares. Que la miseria, el hambre y las pestes siguen azotando a nuestros pueblos, debido a las malas políticas de gobierno de gobernantes crueles y corruptos que no tienen nada de Dios, pues no le conocen ni jamás le han dado cabida en sus corazones. Las religiones falsas, quienes se han apoderado del sentir de mucha gente, los cuales al mismo tiempo se han convertido en ciegos que guían a otros ciegos cayendo ambos en el mismo agujero de desesperación. Sí, querido lector, los mies a la verdad son muchas como dijo nuestro Señor. Por esa razón no debemos dejar de orar, solo así el Padre enviará más obreros a las mieses. Para que no se pierdan, para que sean cosechados y guardados en graneros, a salvos y seguros.

“En el año 1995, era consejero en el Ministerio micreasol, al cual pertenezco todavía, y al cual llegué como un beneficiario más. En ese tiempo teníamos un hogar de rehabilitación para jóvenes adictos en el centro de la ciudad de Valparaíso, en Chile. Mis pastores siempre han sido muy activos en cuanto a relaciones personales se trata y por esas cosas de Dios, vino un día a visitarnos una hermana misionera canadiense. Su nombre era Irma Beckford. La Hermana Irma era una mujer adorable, tenía cuando la conocí, alrededor de 70 y tantos años y aunque supimos más tarde que había sufrido mucho en su vida, volcó todo ese sufrimiento en las manos de Cristo y se dedicó a Rescatar un alma diaria para el Señor. Fue así, como viniendo de viaje en el bus de Santiago a Valparaíso, donde tenía que hacernos la visita, conversó durante todo el viaje con otro pasajero, un desconocido, pero que tenía un gran vacío en su corazón y no tenía razón para seguir adelante en la vida. Sin conocerle, la hermana Irma le entregó el mensaje de salvación de Cristo y lo entregó en los brazos de Jesús, así, sin conocerlo siquiera, antes de bajar del bus. La hermana Irma estuvo un corto periodo de tiempo viviendo con nosotros, sin embargo, su carisma, su dulzura y sobre todo su compromiso para llevar almas delante de la presencia del Señor causó un gran impacto en mi vida. Sin lugar a duda el mundo necesita más Irmas Beckford…”

Así como mi querida hermana Irma, tanto usted como yo podemos hacer bastante para rescatar almas perdidas. No dejando de orar, no dejando de clamar a Dios por las misiones y misioneros alrededor de todo el mundo. También orar por nosotros mismos, para que podamos sentir amor entrañable por las almas que se pierden, para detener la mano de satanás de las almas que tiene señalada para destrucción. No es necesario pertenecer a una gran organización misionera o una cruzada internacional. La necesidad del hombre por ser rescatado de su mala manera de vivir, también la podemos encontrar a la vuelta de la esquina, en tu barrio, en tu lugar de trabajo, en tu círculo familiar. Recuerde que son pocos los obreros, pero también que la palabra de Dios va, y no vuelve vacía.

“Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos.”

(Lucas 10:3, BRV 1960)

Hace unos días, leyendo un post de Twitter, leí un mensaje de un hermano que decía: “Pareciera que todos tienen derecho a expresar su opinión, menos los cristianos…”. Y me puse a pensar en estas palabras, “Es un pensamiento interesante”, me dije, y sin embargo, al mismo tiempo desconcertante. Pues me puse a pensar que para tener derechos sobre algo debemos tener permanencia y pertenencia sobre aquello para lo cual pretendemos ese derecho.

Jesucristo lo expresó de una manera mucho más sencilla. Él dijo que el mundo los aborrecería (Juan 15:18), porque el mundo no nos conoce, porque, en cierta medida somos unos exiliados que buscan volver a su patria, ya que nuestra ciudadanía no se encuentra aquí en la tierra sino en el cielo, por tanto, todo lo que queramos hacer en este mundo, tratará siempre de ser entorpecido por el príncipe de este mundo, satanás el diablo. Por lo cual en cierta medida siempre encontraremos algún grado de resistencia u oposición cuando queramos entregar el mensaje de Salvación, ya que satanás siempre estará operando tras bambalinas, en las mentes y corazones de aquellos que aún no conocen al Salvador.

Los cristianos debemos entender algo muy importante. Así como hay hermanos que están orando constantemente y otros trabajando disciplinadamente en la obra del Señor para alcanzar el mundo para Cristo, y llevar las buenas nuevas a los perdidos los necesitados, también hay otras personas, quienes están ejerciendo presiones diabólicas en los aires para entorpecer el trabajo de los hombres y mujeres de Dios e impedir la obra redentora de Dios a través de su hijo. Viéndolo desde este punto de vista, no es difícil entonces entender por qué mucha gente odia el mensaje y a los mensajeros, pues cuando decimos la verdad del evangelio dejamos al descubierto las maldades y las corrupciones más profundas de sus corazones vacíos y sin Dios. Y eso, a satanás le molesta. Y le enfurece. Sin embargo, callar o esconder la cabeza no es una opción para el creyente que toma verdaderamente la bandera de lucha de Jesús, y está obligado a decir siempre la verdad de su palabra a la luz de las escrituras:

“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”

(Mateo 10:32-33, BRV 1960)

De lo contrario, sino hacemos como Jesús nos manda, le desobedecemos, y nos hacemos pecadores, pues la definición de pecado queda claramente reflejada para todos los creyentes a través de lo escrito por el Apóstol Santiago, quien nos dice, inspirado por el Espíritu Santo:

“y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.”

(Santiago 4:17, BRV 1960)

Pero ¿Que es hacer lo bueno?. Es predicar toda la verdad de Dios, sin esconder absolutamente nada, sin adaptarla a ningún propósito que no sea el evangelio, la verdad pura, como debe ser, como el Señor lo Ordena y Manda. Es cierto, estamos rodeados de lobos, sin embargo, Jesús no dijo en ninguna parte que estos lobos nos comerían o nos despedazarían. Las manadas de lobos que están alrededor de las ovejas de Dios solo pueden gruñir, aullar y crujir sus dientes contra nosotros, pero no pueden hacernos daño porque Dios mismo cuida de nosotros, ¡¡¡Dios mismo nos defiende!!!

Por lo tanto, jamás tengamos miedo de los que pueden mutilar el cuerpo, jamás tengamos miedo de expresar el punto de vista de Dios sobre todas las cosas grandes y pequeñas, no tengamos temor alguno, ni nos dejemos amedrentar por aquellos que, con vanas ideologías o huecas sutilezas, traten de cambiar la verdad del creador o la naturaleza del hombre o el camino a la salvación. Hablemos y digamos siempre lo que Dios desea, le duela a quien le duela, pues somos sus embajadores en la tierra, y profetas, por tanto, nunca nos retractemos de lo que él nos ha enviado a decir, y el mismo Señor se encargará de darnos la victoria.

(Tomado del Libro “Tú, Sígueme” de Cristian E. Gallardo SM)

Editorial Micreasol

Puede leer el Libro Completo AQUÍ

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