Un llamado Especial

Cristian E. Gallardo San Martín

Ministerio Micreasol

Valparaíso

 

¿Qué sucedería si un día cualquiera, en medio de tus afanes, se presentase un hombre, y puesto delante de ti, te dijera: “Ven y sígueme”? Simón Pedro, el pescador, después del milagro que sucedió en su embarcación, supo inmediatamente que el hombre que estaba parado frente a él no era un hombre cualquiera. Tal vez no comprendió inmediatamente el costo que tendría más adelante seguir a este carpintero que había hecho aparecer peces prácticamente de la nada y a una orden suya, sin embargo, entendió casi al instante una sola cosa: que aquel que le estaba hablando, no era un hombre cualquiera. De todos los que el Señor Jesucristo escogió como discípulos, para entrenarlos y enseñarles el camino al padre, ninguno le negó o se retractó, una vez que el se fue a los cielos, terminando la misión que el Padre le había encargado. Solamente se perdió aquel que estaba escrito que debía de traicionarlo. El mismo Jesús, orando en el huerto hizo esta afirmación:

“Durante el tiempo que estuve aquí, los protegí con el poder del nombre que me diste. Los cuidé para que ni uno solo se perdiera, excepto el que va camino a la destrucción como predijeron las Escrituras.”

(Juan 17:12, Nueva Traducción Viviente)

Así como aquellos discípulos, también nosotros, aquellos que hemos sido lavados y redimidos con la sangre del cordero, hemos venido a formar parte de los escogidos del Señor, con el mismo propósito específico que estos hombres tuvieron hace ya, más de 2000 años: Ser enseñados, guiados y edificados en las palabras y enseñanzas de Jesucristo, con el fin de multiplicarnos y sembrar la buena semilla por todo el mundo conocido. Predicando que el reino de Dios se ha acercado al hombre y que existe una nueva oportunidad para que el hombre se acerque a Dios por medio de aquel que vino a entregarnos un mejor pacto. Durante los tres años que siguieron al ministerio de Jesucristo en la tierra, los discípulos tuvieron el privilegio de gustar en primera fila los cambios profundos y al mismo tiempo revolucionarios con los cuales el Señor Jesucristo se enfrentó a las diferentes circunstancias a las cuales lo arrastró su ministerio, y el vuelco de los corazones de miles de hombres y mujeres que estaban ansiosos de escuchar sus palabras y recibir sus milagros.

Desde aplicar el perdón en un juicio viciado – como el de la mujer adúltera – (Juan 7:53-8:11), hasta destrozar por completo las tiendas de los cambistas en el patio del templo. – (Marcos 11:15-18). Desde pasar entre una multitud que quería despeñarlo, (Lucas 4:29), hasta enfrentarse a soldados y emperadores (Mateo 27:11-14). Las enseñanzas de Jesús se extendieron incluso en momentos de persecución, mostrándoles a sus discípulos que la violencia no era el camino:

“En ese momento, Simón Pedro sacó su espada y le cortó la oreja derecha a Malco, que era uno de los sirvientes del jefe de los sacerdotes. De inmediato, Jesús le dijo a Pedro: —Guarda tu espada. Si mi Padre me ha ordenado que sufra, ¿crees que no estoy dispuesto a sufrir? Los soldados de la tropa, con su capitán y los guardias del templo, arrestaron a Jesús y lo ataron.”

(Juan 18:10-12, BRV 1960)

Si por un momento pudiéramos tomar a cada uno de los discípulos del Señor Jesús, y ponerlos como caracteres de la iglesia, podríamos darnos cuenta de que muchos de los problemas de la iglesia del Señor en la actualidad se verían reflejados en sus respectivas formas de vida, personalidades e incluso relaciones personales entre ellos. Había traidores, incrédulos, avaros, religiosos, violentos, exaltados, etc. incluso había disputas y rencillas que aún hoy podemos ver en la Iglesia del Señor. Disputas sobre quién es el mayor de ellos, quienes estarían al lado de Jesús, etc. Sin lugar a duda el camino estaba recién comenzando para ellos, como diríamos en mi país, “Cocidos solo, por un lado, algunos todavía crudos”, incluso -como vimos en el texto anterior- hubo algunos que casi al terminar el ministerio del Señor en la tierra aún portaban armas y se comportaba de manera vil. Jesucristo sabía que el entrenamiento y trabajo seria arduo y fatigoso con los que había escogido, pero estamos hablando del Señor de la paciencia.

“Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquen al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.”

(Romanos 15:5-6, BRV 1960)

 

En esa infinita paciencia él les enseñaba diciendo:

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;”

(Mateo 11:29, BRV 1960)

 

Muchos eran duros, toscos, y por qué no decirlo, también un poco rebeldes. No al mensaje de Jesucristo, el cual casi todos aceptaron inmediatamente, sino más bien en su conflicto interno de caracteres. Enseñados y guiados por el Señor, comenzaron un proceso que ninguno de ellos imaginó alguna vez, solamente cuando se toparon con el maestro. Y una vez que la Promesa del Espíritu Santo de Dios fue sobre ellos, ninguno pudo volver a negarlo ya que, al comenzar su obra, este maravilloso consolador tomó el lugar en sus corazones. Aún más, el fuego del Espíritu, que nacía desde su interior, los elevó de rango, poder y sabiduría ante los ojos y oídos de todos aquellos con quienes trataron desde aquel momento en adelante. Primero, les dio Sabiduría:

“Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús.”

(Hechos 4:13, BRV 1960)

 

Segundo, les dio Poder:

“Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres; tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados.”

(Hechos 5:14-16, BRV 1960)

 

Y el resumen del discurso que exponían ante cualquiera que intentaba levantarse en contra de ellos era:

“porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.”

(Hechos 4:20, BRV 1960)

 

Al escoger a tan variados personajes para tomarlos como sus discípulos, nuestro Señor nos quiere enseñar que la procedencia, el linaje, el tipo de trabajo que alguien desempeñe, o cualquier otra cualidad humana, no interesa para nada delante de Él. Lo único importante delante de sus ojos, es nuestra disposición a seguirle, a ser entrenado, a obedecer sus enseñanzas. En resumidas cuentas, que viva la voluntad de Dios en el hombre.

Señor, ¿Dónde moras? “Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.”

(Mateo 8:20, BRV 1960)

 

Creo que muchos se desanimaron al escuchar esta respuesta. Tal vez algunos tenían otro tipo de expectativas con respecto al Señor que les hablaba con tanta autoridad y que desplegaba tanto poder. Sin embargo, a Jesús le gusta pesar los corazones y medir el carácter de quienes se acercan a él. No lo dude, Dios siempre lo va a probar a usted para ver si está verdaderamente alineado con su hijo y con su voluntad. Una de las grandes interrogantes de aquellos que desean convertirse en discípulos verdaderos de Cristo, es lograr entender de qué forma quiere Jesús que nos conduzcamos en las diferentes áreas por las cuales nos hace navegar. Ciertamente entender cómo funciona la mente de Dios es algo imposible de Alcanzar para nuestra mente finita, sin embargo, a través del Apóstol Pablo en su carta a los corintios podemos tomar algunas pistas claves para lograr el objetivo de comprender cómo quiere Jesús que nosotros seamos:

“Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.”

(1 Corintios 11:1, BRV 1960)

 

En este texto, Pablo les solicita a los Corintios que vean en él un reflejo de Jesús en su vida, en sus hechos, y en su conducción por el camino del evangelio. Asimismo, y dando inmediatamente la gloria al Señor les dice “así como yo de Cristo”. Y, sin embargo, el mismo Señor, a lo largo de todo su ministerio, estuvo instruyendo a sus discípulos con respecto a esta cualidad: El Carácter. El carácter es lo único que el cristiano llevará consigo al reino de los cielos una vez que el Señor lo llame a su presencia. Es por esa razón el énfasis que Jesús colocó en esta cualidad durante sus enseñanzas, y el ejemplo más grande de cómo conducirnos verdaderamente por sus senderos la encontramos en su famoso sermón del monte y más específicamente aún en la Regla de Oro. Veamos:

“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?. Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?. Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?. Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.”

(Mateo, Capítulo 7, BRV 1960)

 

En la regla de Oro Jesús nos muestra parte del carácter de Dios y lo que él espera de nosotros, lo cual podríamos resumirlo en estas tres Palabras: Justicia, Bondad y Santidad.

 

(Extracto Libro “Tú, Sígueme” de C. Gallardo San Martín)

Libro Completo Aquí

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s