En un humilde Pesebre: Inicio de la conversión cristiana

Aun antes de su maravilloso nacimiento, Jesucristo tuvo problemas. Un viaje de muchas leguas podría poner en peligro la vida de cualquier mujer en estado de embarazo, y el de María, no fue una excepción. El anuncio del censo, cambio indudablemente muchas cosas para María y José, los futuros padres terrenales del Señor, que los envolvió en un viaje de muchas leguas a la ciudad de Judea.

Sin embargo, ellos no eran los únicos que estaban de viaje por aquel entonces, pues debido a una ordenanza del emperador César Augusto, -el regente de aquella época en toda Roma y los pueblos conquistados como Israel-, todos los habitantes de Israel tenían que ir a su ciudad de origen para inscribirse en un empadronamiento. ¿Qué hizo José? La Biblia nos enseña que:

“Subió desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser miembro de la casa y familia de David.”
(Lucas 2:1-4, BRV 1960)

El viaje era largo, Aproximadamente entre 90 y 120 Kilómetros entre las ciudades de Galilea y Judea. Tal vez, a usted esta distancia le parezca pequeña ahora, para recorrerla. Sin embargo, hace 2.000 años esto no era un detalle menor. Si bien es cierto existían caminos y senderos bien definidos para ir de un lugar a otro, los medios de transporte eran muchísimo más rudimentarios que ahora. Para comenzar, no existían vehículos de tracción motora, y la mayor parte del viaje, sino tenías carruaje, dinero o animales, o si eras pobre, debía hacerse de a pie, lo cual demoraba aún más el viaje. Otra cosa importante también eran los salteadores de caminos, pues como he dicho recientemente, aunque las rutas para transitar entre una ciudad y otra estaban bien definidas, la seguridad vial para las personas que transitaban por ellos no era importante en aquel tiempo. Las grandes caravanas que transitaban por aquellos polvorientos senderos eran ciertamente muy apetecidas por los salteadores de caminos, sin embargo, los más acaudalados contaban con protección personal y esclavos dispuestos a luchar cuando las circunstancia así lo requerían, por otra parte, la gente humilde, las familias pobres de aquel tiempo no contaban con privilegio alguno y tenían que trasladarse por sus propios medios y enfrentar las consecuencias del viaje.

Los animales y las bestias del campo tampoco ayudaban mucho a los viajeros ya que, si alguna persona era herida durante el viaje, la familia muchas veces debía interrumpir la marcha para atenderle y esperar que se recuperara. sin embargo, esto requiere tiempo, y si viajaban en grupos grandes y numerosos, en muchas oportunidades no se esperaba a los heridos y sus familias, por lo cual estos quedaban solos a expensas de los peligros que acechaban en la soledad del camino.

En la Biblia no encontraremos nada con respecto a estas situaciones que podrían haber experimentado los padres terrenales de Jesús, pues, ciertamente el propósito de Dios debía cumplirse efectivamente en Cristo. Sin embargo y, ciertamente este viaje bien podría haber estado plagado de peligros para ellos y sobre todo para María, quien llevaba a Jesús aun en su vientre. –

Así como este niño, escogido y escondido en el vientre de su madre, es todo aquel que aún no nace a la verdad y el evangelio del Señor Jesucristo. Sin embargo, Dios ya le ha escogido. La Palabra del Señor enseña que él nos conoce aún desde el vientre de nuestra madre:

“Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifique, te di por profeta a las naciones.”
(Jeremías 1:5, BRV 1960)

Estas palabras entregadas al profeta Isaías nos demuestran claramente que Dios estaba hablando Directamente al corazón del hombre, declarando que él sabe perfectamente quienes somos pues antes de que él nos formase en el vientre y viniéramos a este mundo, nosotros ya estábamos, no solamente en el pensamiento y los planes de Dios, sino que también en una relación con él. Este maravilloso texto debería también llevarnos a reflexionar sobre la manera en la cual Dios ve la vida y la concepción del ser humano, y debería ser un llamado de atención, sobre todo a aquellos que están a favor de la muerte de inocentes y del aborto en todo el mundo. Ya que la vida y la muerte no está en las manos del hombre, sino en las de Dios.

“Seis cosas hay que odia el SEÑOR, y siete son abominación para El: ojos soberbios, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente,”
(Proverbios 6:16 – 17, Biblia Reina Valera, 1960)

Sin embargo, aun quienes todavía no nacen a la verdad reveladora de Jesús, pueden sentir su protección, pues, así como aquel niño era llevado en el vientre de su madre, y, estaba protegido del frío, del hambre, del cansancio, del agotamiento físico y del llanto, cuando Dios te ha escogido, no va a dejar que nada te suceda hasta que se cumpla el propósito para lo cual él te ha resguardado.

Él ha tomado nuestras vidas aun antes que nosotros siquiera pudiéramos entender quiénes somos y de dónde venimos, o a donde vamos, hasta el día de nuestra conversión. Ese maravilloso día, tanto el hombre como la mujer que estaban escondidos en el vientre de su madre saldrán a la luz. El cambio será asombroso. descubrirán un mundo de luz y de color, de sensaciones intensas, tan intensas como lo son la risa y el llanto. Conocerán el amor de sus padres, un nuevo tipo de protección y ayuda que no conocían, pues, en su fragilidad podrán ver la fuerza de sus padres y la seguridad que encontrarán en sus brazos. Así es también la conversión que Dios desea de cada hombre y mujer que despierta a la Verdad de Jesucristo, a su palabra y a su amor.

Ahí, en aquel pesebre de belén, se manifestó también la figura de nuestra conversión, en la cual el salvador nace al mundo rodeado de humildes pastores y de poderosos hombres que vinieron de oriente a traer ofrendas al Señor y ser parte del suceso que transformará la vida de millones a través de la historia del mundo, de ahora en adelante.

La conversión no es, por lo tanto, un cambio de actitud, tampoco es un cambio de religión o adoptar una cierta postura o posición. La conversión va mucho más allá. Es nacer realmente de nuevo, saliendo desnudos del vientre, inocentes y puros, he inmediatamente ser tomados por nuestro Padre Celestial, quien nos cubrirá con su manto de protección y nos rodeará con sus brazos de amor.

Esto es Básicamente lo que Jesús le dijo a Nicodemo y que él no comprendió, pues escuchando de forma literal y sin el apoyo del espíritu Santo es muy difícil entender cómo un hombre puede nacer de nuevo sin volver a entrar nuevamente en el vientre de su madre.

“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.”
(Juan 3:1-6, BRV 1960)

Nicodemo era maestro del saber en Israel, era una persona con conocimiento, un intelectual, estudioso de las escrituras y un líder dentro de su pueblo, sin embargo, no entendió el mensaje que Jesús estaba entregando en aquel momento en particular.

Siempre han existido y existirán personas como Nicodemo, líderes espirituales, personas intelectuales, gente de gran éxito y aparentemente cultos e inteligentes, sin embargo, con todo su intelecto y sabiduría no entenderán las cosas sencillas de Dios simplemente porque no han dejado que el conocimiento de Dios penetre en sus vidas. Crean sus propias ideas o filosofías del mundo y se convencen de una verdad que saben que no es la correcta, pues en lo profundo de su corazón una voz les redarguye y los amonesta pues, aunque no tienen el Espíritu de Dios, tienen a su conciencia y ella los acusa o los defiende de su proceder.

“Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos.”
(Romanos 2:14-15, BRV 1960)

Antes de que Cristo apareciese en nuestras vidas, nuestra conciencia era quien nos acusaba o nos defendía en las diferentes situaciones o circunstancias de la vida, lamentablemente, la conciencia carece del atributo más importante, el cual veremos más adelante: el de procurar salvación a los hombres. Sin embargo, ahora que hemos nacido a la verdad de Jesús, es él quien nos toma en sus brazos y comienza a guiarnos. Al principio, como buenos bebes, ni siquiera podemos dar un paso. No podemos, somos recién nacidos y debemos ser resguardados, protegidos y alimentados. Es el comienzo, debemos estar fuertes y sanos, bien alimentados, con leche no adulterada, con la cual recibiremos energías y poder, para así ponernos de pie y comenzar a dar nuestros primeros pasos.

(Extracto del libro “Tu, Sígueme”, de C. Gallardo SM., Editorial Micreasol, Año 2018)

Ministerio Micreasol Chile

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