El Significado de los árboles plantados por Dios en el Paraíso Terrenal, y la perspectiva futura de los escogidos de Dios (2a. Parte)

Como ya lo especifiqué en la primera parte de este trabajo: “el árbol de la ciencia del bien y del mal” se nombra por primera vez en Génesis 2:9 “Y del suelo hizo brotar Elohim (Dios) todo árbol agradable a la vista y bueno para comida. Y en medio del paraíso, el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal” (“BIBLIA TEXTUAL”, cuarta edición) que al igual que el árbol de la vida estaba situado en el huerto del Edén o también denominado paraíso terrenal para diferenciarlo del paraíso de los bienaventurados, es decir, del lugar ubicado en el reino de los Cielos donde ya están las almas de los elegidos de Dios que creyeron y acataron los mandamientos divinos cuando estuvieron en este mundo.

Asimismo, en la versión griega del Antiguo Testamento, esto es, la Septuaginta mandada a hacer por el rey egipcio Ptolomeo II Filadelfo (285-245 a. de C. o 284-247 a. de. C.) hacia el año 250 antes de la era cristiana, al huerto del Edén se le llama: “paraíso del Edén”. Este último término significa en la lengua hebrea (incluyendo la variante: “edná de Edén que es un nombre propio). deleite, delicadeza, delicia”. En Sumerio, idioma que no guarda relación con ningún otro conocido y que se habló en la antigüedad en Mesopotamia, el vocablo. “Edén” significa: “llanura, estepa, desierto”.

A su vez, el árbol de la ciencia del bien y del mal recibió este nombre (también se le podría llamar: “el árbol del conocimiento del bien y del mal”, pues la voz proveniente del hebreo bíblico: “daat” significa: “conocimiento, discernimiento, entendimiento, inteligencia, sabiduría”, además de: “ciencia”, ya que este tenía un propósito originado en Dios respecto a poner a prueba a los padres de la humanidad, si serían buenos o malos, obedientes a Dios o rebeldes. Además, cuando Adán estaba solo todavía y de acuerdo a Génesis 2:15 y 16, el Señor lo puso en el paraíso terrenal para que lo cultivara y lo cuidase, y le prohibió categóricamente comer de él, puesto que si lo hacía iba a morir física y espiritualmente. Posteriormente, la advertencia divina se hizo realidad cuando Satanás, que ya estaba en el paraíso terrenal como expresa Ezequiel 28.13: “En Edén, en el huerto de Dios estuviste”, a través de la serpiente engañó a Adán y Eva cuando esta ya había sido creada por Jehová y como castigo a la desobediencia de ambos fueron expulsados del huerto del Edén recibiendo una triple consecuencia adversa para ellos y para toda la humanidad, la cual se mantiene en la actualidad:

1° Dios maldijo la tierra y esta pasó a producir espinos y cardos copiosos en Israel hasta el día de hoy y Adán y Eva tuvieron que comer plantas del campo para sobrevivir: El término: “espino” proviene de la palabra del hebreo bíblico: “cots” que significa: “aguijón con el sentido de: “pinchar”. Los cardos al igual que las espinas abundan en los países secos como Israel y son sinónimos de: “abrojos”: plantas de muchas y fuertes púas que son perjudiciales a los sembrados, y por esto, el Señor Jesucristo utilizó la denominada: “interrogación retórica”, es decir, hizo una afirmación en forma de pregunta declarando en Mateo 7:16: “Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uva de los espinos, o higos de los abrojos?”. (los espinos y los abrojos están mencionados en Génesis 3:18). También, los dos primeros habitantes de este planeta debían ahora padecer para obtener el sustento o alimentación cotidiana: “Con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que vuelvas al suelo, De él fuiste tomado, porque polvo eres y al polvo volverás: Génesis 3:19 (“BIBLIA TEXTUAL”, cuarta edición), maldición que ha permanecido hasta el tiempo presente en cuanto a que el ser humano debe esforzarse y sacrificarse para conseguir el dinero respecto a su subsistencia material-económica producto, a su vez, de su trabajo arduo, anatema que proseguirá hasta que en el milenio y en la eternidad, la tierra sea completamente sanada y renovada completamente y los escogidos de Dios vuelvan a tener la semejanza con el Creador del universo viviendo estos en absoluta felicidad sin necesidad de desempeñar una labor remunerada y sufrida con el objetivo de sobrevivir en este mundo.

2° El castigo físico, ya que Adán y Eva perdieron la inmortalidad que Dios les había concedido de acuerdo a: Génesis 3:19 ya citado y Eclesiastés 12:7 “Y el polvo vuelva a la tierra de donde procede y el espíritu retorne a Ha-Elohim (Dios) que lo dio”, (“BIBLIA TEXTUAL”, cuarta edición, aunque la sanción no se cumplió inmediatamente en razón de que Génesis 5:5 precisa que Adán murió a los novecientos treinta años (sobre Eva no hay información sobre la edad en la cual falleció). Además, a la primera habitante en este mundo del sexo femenino, se le agregó un castigo físico o corporal adicional concerniente a que Eva y las mujeres que vendrían después de ella debían sufrir para dar a luz un hijo según Génesis 3:16 “Multiplicaré con creces tus dolores y tu gemido. Con dolores parirás hijos,Y tu deseo será hacia tu marido y él te dominará” (“BIBLIA TEXTUAL”, cuarta edición)

3° Un castigo espiritual: Porque los primeros padres de la humanidad dejaron de tener la semejanza espiritual y moral con Jehová y quedaron fuera del paraíso terrenal adquiriendo ellos una naturaleza corrompida inclinada a los vicios y a la maldad, la cual persiste hasta el día de hoy, y que significa en el ámbito sobrenatural la condenación eterna cuando no hay arrepentimiento y cambio de vida por las transgresiones cometidas por un ser humano que vive en este mundo, significando esa: “condenación eterna” la perpetua separación de la presencia o contemplación de la gloria de Dios.

Por su parte, en el Catolicismo Romano, se designa como: “el pecado original” a la caída moral de Adán y Eva, dado que ellos en el huerto del Edén perdieron los siguientes dones preternaturales (“preter” proviene del latín: “praeter” que significa en este idioma: “más allá o fuera de”), y en consecuencia, los dones preternaturales fueron aquellos que Dios les otorgó a los primitivos habitantes de este planeta por sobre la aptitud y voluntad procedente de ellos mismos:

a) La ciencia infusa: conocimiento recibido directamente de Jehová.

b) Impasibilidad: incapacidad de sufrir o exención de todo dolor en alma y cuerpo.

c) Inmunidad: incapaz de experimentar enfermedad.

d) Inmortalidad: capacidad de vivir por la eternidad, e, igualmente, Adán y Eva dejaron de poseer los dones sobrenaturales cuya meta máxima era llegar a alcanzar la visión intuitiva de la esencia divina, sin embargo, para la teología de la: “Iglesia Católica Apostólica y Romana, la naturaleza depravada en la cual cayeron los residentes originales de este mundo, privó a su descendencia, o sea, la humanidad, de los dones preternaturales y sobrenaturales, pero no de los naturales, puesto que la persona no regenerada o no convertida a Cristo puede efectuar buenas obras sin la gracia del Altísimo con la meta de alcanzar la salvación de su alma, aunque pueda pasar un tiempo indefinido supuestamente en el Purgatorio por haber muerto el fiel católico-romano imperfectamente purificado en relación a los pecados en los cuales incurrió en su peregrinaje terrenal.

Finalmente, respecto al concepto del árbol de la ciencia del bien y del mal que estuvo en el paraíso terrenal en la epístola del apóstol Pablo a los Romanos 5.18 “Por esto, así como por el delito de uno vino la condenación a todos los hombres, así también por el acto de justicia de uno vino la justificación de vida a todos los hombres” “BIBLIA TEXTUAL”, cuarta edición). Esto significa que por causa del pecado de Adán y Eva devino la condenación eterna, sin embargo, por el sacrificio vicario de Cristo, vale decir, por haber sido el representante de toda la humanidad en la cruz del calvario llevando sobre sí el pecado de todos los hombres, la naturaleza viciada del ser humano ha sido restituida a la semejanza moral o espiritual que tuvieron los primeros moradores de este mundo con su Creador, es decir, con Dios y por esta razón a Jesús se le llama también el Redentor, es decir, aquel que vino a libertar, liberar o redimir a todas las personas de la esclavitud del pecado por el rescate que él pago, aunque no completamente, semejanza plena con el Señor que no se concretará hasta que los seguidores de Cristo se encuentren con él en su segunda venida a la tierra como dice: 1ª Juan 3.2 “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Él sea manifestado, seremos semejante a Él, porque le veremos tal como es”.

De igual modo, el versículo juanino antes citado es determinante o decisivo para comprender el sentido en la dispensación presente de un seguidor de Cristo verdadero: ahora en nuestro tránsito terrenal somos hijos del Dios Todopoderoso por haber creído sinceramente en el sacrificio sustitutivo del Señor Jesucristo en el: “Gólgota” (el lugar físico en donde murió el Salvador y Redentor de la humanidad), pero arrastramos todavía una naturaleza pecaminosa, puesto que Cristo, Jesús nos devolvió solo parcialmente los dones preternaturales que Adán y Eva tuvieron originalmente en el paraíso terrenal, y por esto mismo, en 1ª Juan 3.2 ya mencionado, el apóstol Juan, en relación al verbo: “manifestar”, emplea el tiempo “aoristo”, el cual indica una acción ya ocurrida señalando así que aun los cristianos genuinos en el tiempo de la gracia que está transcurriendo no han llegado a a un supremo nivel espiritual y moral traducido ese tiempo verbal en la versión Reina-Valera de 1960 y en la: “BIBLIA TEXTUAL” de la: “SBI” como: (no se) “ha manifestado, pero que debe traducirse correctamente por el motivo gramatical antes explicado como: “fue manifestado” expresando, reitero, una acción, y mejor dicho un estado, en este caso, ya acaecido.

A su vez, y, en contraste, con el comentario del párrafo anterior respecto al verbo: “manifestar”, a continuación el autor de la primera carta del apóstol Juan utiliza: “el modo subjuntivo” , el cual indica la posibilidad o probabilidad que algo ocurra en un futuro imposible de determinar, puesto que Cristo no ha regresado todavía a buscar a su iglesia llamada en este mundo, y no sabemos cuándo lo hará, y que por esto debe traducirse correctamente del griego koiné, también denominada griego bíblico o griego helenísitco: “sea manifestado”, significando que los escogidos de Dios en todos los pactos que ha hecho Dios con la humanidad, tendrán el increíble privilegio de gozar de la denominada: “visión beatífica” , vale decir, de la contemplación de la gloria del Señor, pero no cara a cara o de frente al Creador del universo, porque es imposible de acuerdo a Éxodo 33:20, de Juan 1.18 y, además, lo que declaró solemnemente Jesús mismo en Juan 6:46 “No que alguno haya visto al Padre, excepto el que es de parte de Dios” (“BIBLIA TEXTUAL”, cuarta edición), sino que aquellos que han llevado una vida de auténtica pureza espiritual y moral fortalecidos diariamente por el Espíritu Santo como así lo da a entender o lo enseña 1ª Juan 3:3, podrán en la eternidad ver a Jehová a través de Cristo quedando demostrado de este modo la completa e inseparable o indivisible unidad del Padre y del Hijo concerniente a las tres personas de la Santísima Trinidad.

Mauricio Nieto Hernández

Profesor de castellano y Licenciado en

Lengua y Literatura Hispánica por la

Universidad Católica de Valparaíso.

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