Llamado de atención al pueblo de Dios…

(Editado Por: Cristian E. Gallardo San Martín)

La Escritura incluye este claro mandamiento: «Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres» (Romanos 12.18). Pero algunas veces, especialmente cuando una verdad bíblica vitalmente importante está siendo atacada; cuando las almas de personas están en juego; o (sobre todo) cuando el mensaje del evangelio está siendo mutilado por falsos maestros, algunas veces, sencillamente está mal dejar que una opinión contraria se exprese sin que haya ningún desafío o corrección.

Una de las peores cosas que un creyente puede hacer es mostrar cierto tipo de respeto académico fingido o cordialidad artificial a quienes difunden un error grave y destructor del alma (Salmo 129.4-8; 1 Corintios 16.22). La idea de que una conversación afable sea siempre superior al conflicto abierto es bastante contraria al ejemplo que Cristo mismo nos ha dado.

La Escritura deja claro, por ejemplo, que debemos tener tolerancia cero hacia cualquiera que manipule o altere el mensaje del evangelio (Gálatas 1.8-9). Y nadie que niegue la
deidad de Cristo o que se aparte sustancialmente de su enseñanza debe ser bienvenido a nuestra congregación ni se le ha de dar ningún tipo de bendición (2 Juan 7-11).

la Escritura sugiere que el evangelio, y no un credo del siglo III, es el mejor calibre para determinar los verdaderos puntos esenciales del cristianismo. Si genuinamente entiendes y afirmas el evangelio, automáticamente tendrás sanos puntos de vista sobre la justificación por fe, la expiación sustitutoria, la deidad de Cristo, la historicidad de la resurrección, la veracidad y la autoridad de la Escritura, y de todas las demás doctrinas que tienen primordial importancia (véase 1 Corintios 15.3)

Por el contrario, si te desvías, aunque sea sutilmente, de cualquier principio vital de la verdad del evangelio, toda tu perspectiva se verá perjudicialmente afectada. Interpreta mal el evangelio o adáptalo para que encaje en las preferencias de una subcultura en particular, y el resultado inevitable será una religión de obras y un sistema que engendre fariseísmo.

De eso se trataba exactamente el conflicto de Jesús con los fariseos. Ellos representaban un estilo de religión y un sistema de creencia que estaban en conflicto directo con el núcleo mismo del evangelio que Él proclamaba. Él ofrecía perdón y justificación instantánea a los pecadores que creían. Los líderes religiosos de Israel fabricaron masivos sistemas de obras y ceremonias que, en efecto, hacían de la justificación misma una obra humana. En palabras del apóstol Pablo: «Porque ignorando [ellos] la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia» (Romanos 10.3).

Extracto del Libro del Escritor John MacArthur, “El Jesús que no puedes Ignorar”.-

Firma Digital CGS

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