Cristianismo, Honestidad y Política…

Daniel fue llamado a servir desde su juventud hasta su vejez. Su vida se caracterizó por el amor a Dios y la dedicación a Su obra. Su reputación permaneció irreprochable a lo largo de un ministerio que se extendió por varias décadas. Daniel entendió muy bien la honestidad.

Él nunca se enriqueció ilícitamente (Daniel 6:4). Adoptar este estilo de vida le costó ser sometido a una prueba severa, pero aun así, no traicionó sus principios. Y esta prueba tuvo lugar en el ámbito político, donde la honestidad escasea como el agua en el desierto.

El tema de la honestidad es algo que debe recalcarse en esta época, porque uno de los peligros en el ministerio cristiano es que cuanto más alta es la posición en el servicio a Dios, más fácil se llega a creer que merecemos un estilo de vida semejante al de los ejecutivos de las grandes empresas seculares. Es peligroso cruzar la línea que separa aquello que legalmente nos corresponde de lo que pertenece a la obra de Dios. Cuando eso ocurre se comienzan a desviar las finanzas del ministerio para sostener un estilo de vida lujoso. Si bien es cierto que el obrero es digno de su salario y de un salario digno, al mismo tiempo sostenemos que el ministerio no es una empresa secular ni política donde es posible enriquecerse ilícitamente. Un verdadero líder no tiene nada en secreto; sus finanzas no son un misterio, porque no hay nada que ocultar.

Tal vez nunca estaremos en una revista cristiana ni seamos entrevistados para la televisión, pero no olvidemos que de la misma manera en que los héroes de la fe murieron sin haber alcanzado lo prometido, sino que debieron aguardar a la eternidad para ver la consumación final de sus sueños, así también nosotros debemos esperar a la eternidad para la verdadera evaluación de nuestro trabajo en la obra de Dios y la recompensa que recibiremos. Como dice Hebreros 12:1 “[Puestos los ojos en Jesús]…corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante”. Él es nuestra meta y nuestro galardón.

Todos somos invitados a entrar en la carrera, pero habiendo comenzado a correr debemos recordar en forma constante el consejo bíblico: “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis” (1 Corintios 9:24).

Los grandes privilegios crean grandes responsabilidades y tenemos la gran responsabilidad de representar a Cristo y el evangelio correctamente —con integridad. Corramos con convicción, fijando nuestra mirada en Cristo y llevemos vidas dignas del llamado que hemos recibido de Dios. Y por último, no nos cansemos de hacer el bien, porque en el tiempo correcto veremos el fruto de nuestro servicio y nuestra integridad, si no nos damos por vencidos.

 

Firma Digital CGS

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