Editorial Micreasol

Desde los orígenes de la humanidad, el hombre a necesitado depender de algo, y creer en eso. Esto, sin embargo, no es casualidad ni es algo que a nosotros se nos ocurra, es simplemente que ese deseo o afán de creer en algo está íntimamente ligado a nuestra naturaleza.

Es algo que no podemos evitar, aún los mal llamados escépticos, que tratan por todos los medios de no reconocer este estado del ser humano, en lo profundo de su corazón lo deben hacer. Es imposible, amigo mío querer huir de esa voz interior que te enseña que es lo bueno y que es lo malo, que es lo conveniente y que no.

Creer no es solamente reconocer, sino que también es dar crédito a lo que vemos. Y es aquí donde viene el juego de las palabras, porque creer viene de la palabra derivada del latín “creddere”, la cuál significa creer o tener confianza. En otras palabras deberíamos depender y poner toda nuestra confianza exclusivamente en aquello que creemos.

Como cristianos debemos de tener un solo término para cuando hablamos de Fe: “…Es pues la fe la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve…”.

La certeza de lo que se espera. ¿Cuál sería tu respuesta, amigo mío, si mañana te dijesen que el sol no va a alumbrar la tierra?. Ciertamente defenderías la posición de que es ridículo pensar de esa manera, ya que hagamos lo que hagamos, y más allá del ir y venir de las estaciones propiamente tales, tenemos una certeza de que el sol, mas  allá de las nubes, va a salir por sobre  las montañas. Tenemos pues, certeza de lo que se espera…..

La convicción de lo que no se ve. ¿Si jamás hemos estado en china, cómo pues, sabemos que existe? Sabemos que existe, porque hemos oído hablar de aquel país, porque existen mapas, porque aparece en la televisión, porque existen documentos que avalan su existencia. Porque hemos visto chinos y chinas en más de alguna ocasión. Tenemos pues, también, la convicción de lo que no se ve…….

Cuando hablemos de Jesús, de Dios, de los ángeles, del cielo, del infierno, de la vida y la muerte eterna, de las promesas de salvación, también debemos tener éste mismo estado de fe, y si no lo tenemos debemos comenzar a practicarlo, de la misma manera como creemos que el sol saldrá cada mañana, de la misma manera que sabemos que las estaciones se sucederán una tras otra.

La fe que tenemos y con la cual dependemos de Dios no es sólo para nuestra salvación personal sino que ha de ser una luz que brille en las tinieblas de los hombres con el propósito de que el mundo crea y sea salvo por medio del anuncio de buenas nuevas que les predicamos. Siempre con certeza y convicción, jamás con temor, recuerda que el amor de Dios hecha fuera el temor.

Es por esa razón, que con inmensa alegría presentamos ante ustedes ésta página, para honra y alabanza de nuestro Señor Jesucristo, porque creemos en aquél que estando en su condición de Dios se hizo igual a los hombres y siendo hombre, se hizo aún siervo de los hombres y se ofreció voluntariamente a morir en una vergonzosa cruz, para que tú y yo fuésemos redimidos de pecado a través del derramamiento de aquélla preciosa sangre. Somos libres, libres para amar y ser amados, libres para ir y venir, y teniendo siempre en cuenta de que hemos sido creados para buenas obras, las cuáles Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Firma Digital CGS

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